Europa está asimilando un entorno geopolítico que cambia con rapidez, en el que las suposiciones de larga data sobre la estabilidad transatlántica ya no se sostienen. En cuestión de días, las normas diplomáticas que antes sustentaban la cooperación entre Washington y las capitales europeas fueron puestas a prueba por una retórica agresiva, amenazas arancelarias y disputas relacionadas con la soberanía y la seguridad. Lo que ha surgido no es una tormenta diplomática pasajera, sino una reevaluación más profunda de cómo se posiciona Europa en un mundo donde el liderazgo de Estados Unidos es cada vez más impredecible.